Tuesday, May 9, 2017

Fumando espero

Le has escuchado una vez. Y otra vez. Y una vez más.
Sabes que está mintiendo. Sabes que muy bien que se está tragando sus palabras tan pronto las vomita. Que no puedes confiar en él ni creer en él. Y, sin embargo, te mueves a su ritmo mientras escuchas cómo trata de verte la cara. Sin ninguna piedad y con todo descaro.
Enciendes un cigarro. Le das el golpe. Exhalas. Miras a tu alrededor y entonces te das cuenta cómo la vida puede transcurrir sin ti.
Podrás estar ahí parada, o no, y el tránsito seguirá su curso. El organillero no depende de ti para salir de casa y mover la manivela a cambio de unas monedas. Puedes no estar ahí y ni siquiera cambiaría el intento de mentirte que semejante imbécil trato de encajarte.
Al parecer lo logró, lo esperas pacientemente. Si es que llega. Si es que viene.
¿Cómo pudiste terminar esperando a un imbécil? ¿Qué hiciste mal?
¿En qué punto de tu vida te equivocaste tanto que tus expectativas siempre se reducen al desastre?
Y aún así, pese a todo, esperas lo mejor. Esperas que al final no te mienta. Esperas que todo se concrete en una verdad innegable a tu favor.
Aunque sabes que no es así. No es la primera vez que te miente, no es la primera vez que asegura que estará en esa esquina. Te queda muy claro que esta vez tus alarmas están encendidas porque conoces su tono de voz.
Un golpe más al cigarro. Más humo, más juego con las hebras del trabajo. Y él no está allí. Sabes que no estará y que te ha engañado otra vez.
No viene en camino, ni siquiera ha salido de su casa. Te dan ganas de llamarlo de nuevo, de gritarle que sabes muy bien que te ha mentido y que no quieres saber un carajo de él.
¿Tienes seguridad de que te ha engañado? Ninguna. Más que esa ansiedad que te devora. Ese precedente de que te ha dejado en el camino. Las cancelaciones, las ausencias. Esa sensación de falta.
Un sentimiento que no has olvidado. Tan presente está que no esperas otra cosas. Y mientras el humo se desvanece, recordándote que el tiempo pasa.
Sigue fumando. No hay prisa.
Han pasado cinco años. Era tu boda. Nunca llegó. Y lo esperabas a pesar de las ausencias. A pesar de las advertencias. A pesar de que lo conocías tan bien que imaginaste con lágrimas, durante varias noches, que no llegaría nunca.
Sólo queda de ti una foto tuya. Contigo fumando. En la misma esquina de siempre. Y le das de nuevo el golpe.
Sigues jugando con el humo, esta vez de la veladora.
¿Dónde está él?
Ya no importa. Nunca llegó en los momentos que importaban. De él sólo queda humo. La neblina de su memoria.
Y tú sigues fumando.

Thursday, April 14, 2016

Érase una vez

¿Cómo construir un mundo?
Eso es lo que me pregunté una vez al levantarme de mi cama y mirar el techo. Era una visión tan vacía, con el muro descarapelado frente a mis ojos, que creí que cabía ahí un universo completo.
Pero, ¿cómo construir un universo?
Tengo tantos relatos en la cabeza que, de pronto, los acomodé cada uno en un sitio. Todos tienen que ver entre sí. Se conocen y saludan. Se conectan. Y, entonces, son tantos mundos que puedes viajar entre ellos tan sólo de un brinco. Un universo compacto. Que cabe en medio de lo que hay entre el muro y la azotea.
Mi propio universo.
Entonces me di cuenta de algo: el mundo estaba vacío. Las historias tienen un orden y un enlace. Tienen principio y final. Tienen pies y cabeza. Pero no tienen ser.
¿Qué es un relato sin nadie que lo escuche? ¿Sin una imaginación que inspirar?
Entonces llegaste tú, cielo.
Mis historias tuvieron un sentido. Porque hubo alguien que las escuchara.
Alguna vez, para inspirarte valor, te conté acerca de un caballero que mataba dragones con una espada de plata.
Plagié a Andrzej Sapkowski, aunque el tipo podría cobrar regalías con mis ilusiones recientes. Pero esa historia te hizo feliz. Esa historia te hizo cantar.
Aún te escucho de vez en cuando. En los momentos en que tu voz me saca una sonrisa.
Y entonces, no sé cómo, construí un nuevo mundo.
Un mundo en el que estabas tú. Un mundo que habríamos de conquistar. Juntos o por nuestro lado. Pero que sería nuestro. Pieza por pieza, empezando por Irlanda.
Conquistamos tanto, ¿recuerdas? Amaste tu carrera, amé mi profesión. Me llenó esa lucha diaria por hacerte sentir orgullosa, mientras en el camino te construiste.
I'm here. I'm still here. I will always be here. I'm your robot. I gave everything. I have only my head.
I'm happy,
Fuimos una tripulación pirata. El Dílseacht. Navegamos aguas duras. Salimos a flote.
Caminamos aventuras hermosas. Aprendimos juntos a blandir la espada. Eres mi Ciri, mi compañera de viaje.
Construí un universo contigo, en el que hemos pasado tantas cosas. En el que construimos un futuro. Juntos, como hermanos. Algunas veces como algo más. Era mi mundo. Un mundo que me hacía feliz.
Un día dejó de hacer efecto mi medicamento. Un día dejó de funcionar mi reacción. Un día las sombras me ataron las manos. Y estallé.
Yo mismo golpeé mi mundo con las manos. Me hice pedazos los puños hasta que derribé los cimientos. Con ellos cayó mi universo.
Mi futuro se hizo añicos. Mis historias se desvanecieron.
Un viejo yo se encargó de acabar conmigo. Y de lastimarte.
A cambio me diste la oportunidad de ser. De crear un presente continuo.
Y lo único que hice fue dejar que las sombras me cubran.
Tengo ahora una pregunta...
¿Cómo construir un mundo?
¿Cómo crear un universo?
Uno que mi yo no destruya.
Uno que pueda mantenerse en pie.
Uno donde las ilusiones persistan.
Un mundo que podamos conquistar.
Navengando con nuestro barco pirata.
Caminando y aprendiendo, combatiendo lado a lado.
No quiero un beso tuyo. Cristina es un fantasma como siempre.
Sólo quiero a mi hermana de vuelta y al mundo que me dio esperanza.
Quiero que me ayudes a tomar los pedazos y ponerlos en su lugar. Acomodarlos con cariño.
Y paso a paso, poco a poco, reconstruirlo.
Lo que nos hizo felices.
Lo que nos dio fuerza.
Lo que nos dio valor.
¿Cómo construir un mundo?
A partir de las tres palabras mágicas, quizá.
Érase una vez...

Tuesday, March 8, 2016

Letras (Poesía en prosa. Desvaríos. Arte bruto. Escritura automática. Qué se yo)

De un modo u otro soy letras.
A través de ellas me conociste. En ellas me he construido ante tus ojos, a los cuales guardo una devoción infinita.
En las letras me he destruido y me he construido muchas veces. En ellas he descubierto emociones y sensaciones que creí que morirían.
Sensaciones que viven porque les diste sentido. Emociones que despiertan porque mi espíritu quiere sentirte. Mis letras estarán agradecidas contigo.
Contarán tus logros y te felicitarán por tu obra. Como lo han hecho hasta hoy.

Letras que saben que escriben para una dama ocupada, que tal vez no esté en ánimos de leer a un tipo que combate demonios que no sabía que existían. Que pelea para no terminar de volverse loco. Que, de manera injusta quizá, se ancla en la mujer que ama para no perder contacto con la realidad.
Y sin embargo se mueve.
Letras que fluyen libremente. Porque quiero que construyan belleza. Belleza efímera que quizá se muera en el instante que termines de leer. Belleza al fin.
Letras que quieren contarte historias. Como la niña que derrotó a sus bestias con una espada de plata y ganó el infinito.
Como el guerrero que sólo supo pelear, y  no supo más de él con la batalla ganada.
Historias acerca de nuestros viajes por el mundo. De tus ojos contemplando el pasado con sorpresa. De tu devoción por los relatos que aguardan por ser contados.

Letras que brotan solas, sin pensar mucho. Letras que son. Letras que existen porque quieren arrancarte una sonrisa. Una mirada de orgullo. Letras que se forjan en mi corazón y en mi pensamiento, sitios que conquistaste sin más esfuerzo que el ser feliz.

Letras que quieren hacerme feliz. Hacernos felices. Despacio. Poco a poco. Porque cada día de alegría se conquista uno por uno. Se paladea, se disfruta. Y cuando termina no queda más que buscar la felicidad del día siguiente.

Letras que añoran narrar los relatos de cada conquista. Letras que sobran, tal vez, porque la alegría se plasma en el corazón y no en un texto. Y sin embargo construirán memoria, efímera o permanente, para crear más alegría. Para perpetuarla despacio.

Letras que mueren por retratarte. Letras que añoran quedarse en tu cabeza y hacerte sonreír. Letras que se quedarán guardadas. esperanzadas de contar nuestro futuro.

Letras, sólo eso. Sin más razón que construir la memoria de nuestra felicidad. Sin más sentido que contar nuestra historia, nuestro camino.

Letras para nunca olvidar.

Letras para nunca dejar de ser.

Saturday, February 20, 2016

Segundo documento

Correspondencia electrónica intervenida
Correo persona de Guillermo Niebla, fotógrafo
Destinatario: tachadura
Febrero 12, 2004

Me estoy volviendo loco.
Es bastante difícil hilar ideas cuando el cielo sobre tu cabeza se está incendiando.
Luca está muerto. Luca no está muerto. No lo sé, carajo. No entiendo qué sucede y hace algo de tiempo que dejé de pedirle explicaciones a la realidad.
¿Cómo te explicas tantas voces? ¿Cómo te explicas tantos sueños? Es difícil hilar piezas tan dipares, tan distintas, con un orden lógico.

Quizá por eso te escribo tanto. Para recordarme lo que es estar más o menos consciente. Para no olvidar que alguna vez fui capaz de tener ideas concretas. A veces cuando te dejo un mensaje, no espero que respondas. Como no lo has hecho desde hace semanas. Simplemente soy yo el destinatario real para una guía práctica que me mantenga atado a la cordura.

Luca no está muerto.

A veces escucho voces. No sé qué quieren de mi. Juro que no son las de mi cabeza, ellas hablan por otra razón. Ellas, incluso, podrían consolarme. Pero alguien me busca, alguien parece haberme elegido para algo. ¿Por qué carajo un tipo todo roto como yo podría resultar relevante? De puro milagro puedo mantenerme en pie. Y eso, carajo, que me subí a un avión luego de decirte que venía a morirme. Que venía a hacer un sacrificio para que se conociera la verdad. Tanta palabrería barata que, con la realidad de frente, sólo ha terminado de evidenciarme como un timo ante quien me mira desde el espejo.

Luca no está muerto.

Te dejé llorando. Volé hacia el desierto luego de que me pidieras quedarme y hacer una vida juntos. Me reí. No recuerdo cuántas sandeces te dije, pero vaya que fueron muchas. Que tu vida como mujer de hogar era poco para mis deseos de aventura. Que mi sueño siempre fue rifarme el físico en un lugar olvidado. Ese absurdo de encontrar la verdad. Vine a encontrar la verdad y no me ha gustado. Pero no he desenmascarado a ningún general. A ningún político. Quien ha quedado sin tapa soy yo.

Luca no está muerto. No debería estarlo. Estaba vivo, sonriente y calvo la última vez que lo vi. Ese maldito argentino, ese pobre diablo que vino al infierno porque quería alejarse de las sustancias que lo estaban matando lentamente, no tiene razones para estar muerto.

Ahoora es un enclave entre las montañas y el desierto. Un rincón tan de mierda que la gente viene aquí porque la guerra no llegaría hasta semejantes ruinas. La resistencia, el gobierno y los invasoras conviven juntos porque ya sería el pinche colmo echar tiros por un cuchitril tan miserable. Basta llenar mi cantimplora, conseguir 3 dólares de algún buen samaritano. Con eso un granjero me dejará follarme a su hija. En la estancia del hoyo que llaman casa. Me vendería hasta a su esposa si es necesario.

Piensa lo que quieras, pero me ha faltado sexo aunque sea así de barato. Ni siquiera en sueños puedo coger. Durante la noche hace tanto frío y durante la mañana el sol baja despacio. No queda de otra que dormir cuando el sol está por todo lo alto. En esos momentos, aunque estén prohibidas por los locales, tengo oportunidad para construir fantasías. Mira que la chica que suele invadirlas, una morocha de piel blanca y ojos de aceituna, es digna de cualquier fantasía. Con amor me trata, pero no soy yo a quien desea. Más bien quiere encontrar a alguien a través de mi.

Alguien, dice, que vendrá a hacer justicia.

Que venga de una puta buena vez, chingada madre. Lo poco que queda por arder aquí empieza a encenderse. Los soldados están rondando a unos cuantos kilómetros. Ahoora, al fin y al cabo, es un puñado de tierra. Mejor en manos propias que en las ajenas, aunque sea tierra infertil, inútil y miserable.

Luca no está muerto. Te juro que no está muerto. Cuando vinieron a preguntar lo anotaron entre los desaparecidos. Llamaron a su medio, un pasquín de tercera en Rosario. De milagro recordaron su nombre. No tenía familia y, si la tenía, parecen querer olvidar que era un hijo suyo.

No hay rastro de Shadia. Un granjero, tendero o algo a quien Luca le pagó 3 dólares y una cantimplora llena de agua insalubre a cambio de su hija más chica, nos pidió que habláramos con ella. Es a su vez proxeneta, usurera y, por lo visto, generala. Cuentan los locales que su casa está llena de armas. Que quitó los tabiques de los muros y los rellenó con municiones. Corren rumores acerca de las Kalashnikov en su sótano.

El hombre estaba tan agradecido por los regalos, como los llamó él, que nos dio información esperando que entrevistáramos a tan importante mujer. No somos de esa prensa, vamos. Hace mucho que se fueron los americanos a buscar otra guerra. A realizar otro circo mediático. Hay muchas historias acá, pero nada que venda titulares. Nada a lo cual darle click. Pura miseria en medio de la arena.

Luca tocó la puerta. Una choza de lámina y tabiques sobrepuestos que es un palacio para esta gente.

Nadie contestó.

"La reconcha de la lora". Luca maldijo tantas veces y tanto tiempo que, al final, sólo le quedó sacar un cigarro y sentarse a fumar.

Con el sol a pleno. Frente a una casa que los lugareños esperan ver repleta de armas. Un cigarro que salió de la nada.

Justo cuando pensé que era inútil estar ahí perdiendo el tiempo, Shadia abrió la puerta. En un inglés casi ininteligible, nos invitó a pasar.

Preguntas de rigor. Quiénes éramos. Nuestras nacionalidades. Nuestras intenciones. La mujer, al saber que éramos fotógrafos, tomó un rifle y apuntó hacia la ventana.

"Come on, men. Photo now, photo now!". Quería aparecer como si estuviera en combate. Como si disparara. Engrandecer esa imagen de generala y tener algo de lo cual presumir.

No había metralla en los muros.

No había Kalashnikov. No había sótano.

Sólo había una destartalada retrocarga de caza. Sin municiones. Pero con eso le bastaba para generar temor.

Un paso. Tres pasos. Cinco pasos. Botas.

La puerta cae. Se hacen pedazos las bisagras oxidadas. Shadia alcanza a correr, pero un hombre la pateó en el vientre. La remataron con un tiro en la frente.

Luca no está muerto. Lo golpearon con una macana detrás de las rodillas y se postró. Le dieron un tiro en la nuca. No vi una gota de sangre, sólo lo vi desplomarse.

Me golpearon en la cabeza. Me hicieron pedazos las costillas. Terminé con el labio hinchado y aún me duelen las manos. Estuvieron a punto de quebrármelas.

Pero Luca no está muerto. Se debieron haber llevado su cuerpo a otro lugar los del gobierno para jugar con él. Es lo que se sabe de Shadia. Pero del puto argentino no hay rastro.

De la generala quedan en el piso del lugar pedazos de piel canela y sangre, mucha sangre. Pasan los días y no se quita. No hay tantas mujeres para vender a cambio del agua necesaria si quieren limpiar este desastre. Pero la sangre de Luca no se ve.

Porque Luca no está muerto.

Vino a perderse, a desconectarse de un mundo que lo estaba matando. No tenía ninguna meta. No tenía ninguna misión. No tenía nada. Vino, tal vez, a encontrar esa foto de concurso con la cual hacerse famoso. Que le permita exhibir en galerías y hacerse de un nombre, para ligar a alguien en cada coctel y llevarse a una mujer diferente cada noche a la cama.

O tal vez no, porque no es como yo. Quizá tenía más idea de qué estaba haciendo en un agujero como este. En un infierno donde el cielo arde cada mañana. Donde la arena corta lentamente tu garganta.

Quizá él hubiera tenido más idea que yo acerca de las voces en mi cabeza. Tal vez él sepa quién ese esa mujer que me pide encontrar a alguien. Puede que él sepa mejor que yo la justicia que deba hacerse,

Luca no está muerto.

Friday, February 5, 2016

Primer documento

Carta de Andrea Maggio
Gerente internacional de HASTA

23 de abril de 2002
Ciudad del Vaticano

Correspondencia personal del Director de la Central Intelligence Agency
Clasificado

Señor Director:
Agradezco a Dios Nuestro Señor y al Señor Presidente la invaluable confianza que han depositado en nuestra institución para colaborar con las tareas de un organismo tan emblemático como la Agencia a la que usted representa. Son tiempos duros, en el que la voluntad del Señor debe ser custodiada en más de un frente. Tanto en el terreno político como en el moral.
Me han dado razón de que usted sólo conoce una minúscula parte de la labor que realiza HASTA, así como el campo donde nuestra labor, incluyendo la realizada por la Agencia, se desenvuelve de manera cotidiana.
Entiendo también que no se acercó a nosotros por caridad. Un ala importante del Partido Republicano ha presionado para que, entre las tareas de su organismo, se defienda la moral cristiana de lo que ellos consideran mera brujería. Sin embargo, estimado señor, nosotros no nos dedicamos a detener a charlatanes y curanderos de religiones alternativas, plantando menjurjes inútiles frente a oficinas de gobierno para frenar el avance de la vida institucional y considerando que las decisiones clave en el orden mundial pueden ser manipuladas a través de ritos chamánicos sin valor aparente.
Entiendo que esa fue la tarea primordial de Oficina 12, a cuyos viejos burócratas disfrazados de agentes secretos de Hollywood ha mandado jubilar por orden presidencial.
No, señor director. El frente que usted está abriendo es quizá tan peligroso y demencial como aquel en el desierto, donde sus hombres mueren fieramente contra los elementos para asegurar su provenir y simplemente mantenerse con vida, más que el ánimo de defender a su país. Para nuestra desgracia, el nuevo enemigo no sólo lucha sin poseer un razonamiento humano. Posee una naturaleza gregaria, incluso diría que política. Peleamos contra una entidad consciente, que al momento de golpear se une con la fuerza de un mazo pero puede desaparecer cuando se le busca. Puede convertirse en nada.
Peleamos, señor Director, contra una organización que se extiende a lo largo y ancho de nuestras ciudades. Una plaga que crece bajo el amparo de nuestra cultura occidental, oculta en las grietas de miseria y fuera del ojo público camuflada entre la oscuridad de los marginales. Parias, señor. Parias que son a la vez tan humanos como nosotros como para ceder ante la ambición. Parias que han perdido su humanidad en el camino. Que se han convertido en bestias fuera de la más elemental comprensión científica. Celosos a su vez de una pútrida herencia cultural de salvajismo y superchería, así como de su aislamiento ante el mundo civilizado.
Es un oponente tan ruin que se esconde en la bajeza de las metrópolis. Prefieren aquellas donde la violencia reina para mimetizar su ansiosa brutalidad entre la impunidad de la sangre. Huelen el hambre, huelen la guerra. Toda oportunidad de sumarse como buitres a la ruina humana los moviliza, a veces desde lugares remotos, para conquistar la podredumbre de la noche.
Bestias de todas clases, de todos los orígenes se reúnen en esta entidad. Se separan en clanes familiares, en logias de tradición, bajo votos de silencio. Una farsa de sociedad que está en guerra constante, pero se reúne con el objetivo de asediar el orden que nos define como seres humanos. Son enemigos de la humanidad y, aunque se devoren regularmente unos a otros, no dude en que somos un presa común. Para ellos gente como usted y yo estamos un escalón abajo en la cadena alimentaria. Si pueden cazarnos juntos y repartirse nuestro banquete, lo harán gustosos para seguir riñendo por sobre nuestra carroña. Una mafia, si es que me permite utilizar una descripción acorde con nuestro imaginario colectivo, que quiere repartirse el legado humano a pedazos.
La jerarquía católica, a la que parcialmente represento, llama a esta entidad El Subterráneo. Un nombre poco creativo, he de admitir, pero correcto. Porque estos seres se esconden bajo la tierra, habitan las ruinas de nuestra civilizaciones y no se dejan ver a la luz del día. Son sociedades cerradas, en las que el hombre de bien no puede entrar simplemente por un mero instinto de preservación. Preservar su alma, preservar su vida.
Algunos rumores de su existencia se han filtrado en el imaginario colectivo. Religiones, contraculturas, cultos de todo el mundo imitan de manera risible sus brutales actos. No se confunda, que lo inhumano de sus ritos dista mucho de las patéticas imitaciones. Muerte, delirio. Es lo que nos espera si estos seres infrahumanos cruzan en masa los límites entre sus refugios y nuestra sociedad.
No estamos solos, señor Director. Si existe un equilibrio entre nuestro mundo y el suyo se debe a jueces que, con la razón o con la fuerza, dividen el territorio que corresponde a cada universo. Sin embargo, son guardianes muy selectos. Una fuerza muy limitada (nuestros reportes sólo han encontrado a uno, viejo y demacrado, pero dispuesto a entrar en combate) cuya porosidad permite un continuo ataque a nuestra civilización por parte de estos grupos Será nuestra misión colocar a estos seres, cuya humanidad no hemos comprobado, de nuestro lado. O vencerlos para imponer nuestros propios límites, por el bien de la humanidad.
No se confunda, señor Director. No estamos ante un enemigo pequeño. Los pequeños somos nosotros. Nos tienen rodeados. Se regocijan bajo nuestras pies y ansían el momento para arrancarnos nuestras cabeza.
Tenga confianza en que nuestra Institución, de tradición centeneria, no cejará en su tarea de empujarlos hacia su propio agujero o de exterminarlos. Por ello celebro la recién confirmada sociedad entre HASTA y su distinguida Agencia.
Que Dios lo bendiga a usted y a su país, señor Director. Que con su voluntad ha guiado, por siglos, nuestra locha contra esta clase de animales.

Andrea Maggio
Gerente internacional
HASTA
Per Aspera Ad Astra

Wednesday, September 3, 2014

El gaming ante la crítica: una reflexión obligada

Esto es mi opinión. Nadie está obligado a compartirla, ni siquiera tú.
Podría dar más contexto respecto a lo que el texto habla. Pero seamos sinceros, respecto a la polémica de Anita Sarkeesian, el Gamergate y demás existen fuentes más adecuadas que yo para consultar. Sólo es un punto de vista. Así de humilde es esto.
La crítica
Sigo la crítica al gaming desde hace varios años. La razón es simple: toda opinión respecto a lo que amas y lo que te interesa es necesaria para el análisis de un medio. La realidad no se construye con los blancos y los negros, sino con toda la gama de colores en medio y es ahí donde radica el valor de la crítica.
Sé de Anita Sarkeesian (quien en una serie de videos ha descrito tendencias sexistas en la industria) desde el comienzo de Kickstarter y me sigue sorprendiendo que genere tanto odio. Especialmente rodeado de muchas personas que hacen lo mismo que ella: criticar lo que no les parece de la industria. Todos con argumentos, con los cuales puedes estar a favor o en contra. Todos ellos, por supuesto, respetables. Lo mismo aplica para reclamos de comunidades sociales que no se sienten representadas en la industria, como la de los homosexuales o de minorías raciales.
Mientras se presenten argumentos, mientras se abra el debate, todos estos puntos de vista son muy valiosos para la industria. Tan valiosos como los reclamos contra una industria que abusa de la venta de DLC, señalamientos respecto a lo efímero de las ventas digitales o críticas respecto a las carencias en el desarrollo que han presentado los títulos para móviles. Todos, absolutamente todos, plantean puntos a mejorar que los desarrolladores, publishers, prensa y jugadores podemos o no tomar en cuenta.
La industria del videojuego ha crecido de manera brutal en los últimos años y ha dado saltos técnicos inimaginables en tan sólo 30 años. Para darnos una idea, lo que lleva el videojuego como industria es el tiempo que duró Hollywood usando el technicolor. El gaming ha llegado a públicos que sus pioneros no imaginaron tocar. Ha explotado temáticas que resultarían impensables considerando las tecnologías que le dieron origen. Es por ello que no debería extrañarnos que grupos sociales muy variados exijan cabida en este medio, cada una con sus recursos.
Lo más importante: tienen derecho de hacerlo.
Asumir la opinión de los críticos no es algo nuevo en ningún medio. De entrada, ten por seguro que ningún crítico va a cambiar la forma en la que juegas. Menos con los millones de dólares que implica el público actual. Lo cierto es que estas posturas abren la puerta a nuevas necesidades creativas, cuyo aprovechamiento tampoco es novedad.
Alguna vez Samus se reveló como mujer. Quienes estuvieron detrás de Street Fighter II decidieron que Chun Li tuviera la misma barra de vida aunque fuera una dama. Hoy Bioware crea títulos en los que puedes elegir el género y la preferencia sexual de tu personaje. Además, personalmente, no creo que la magia del entretenimiento radique en el sexismo, racismo y otros ismos. Si así fuera, hablaría muy mal no de sus creadores. Sino de nosotros. Considero como válida la necesidad de explorar otras posibilidades.
Es muy probable que no te sientas representado en el discurso de Sarkeesian. Es, para mí, una de sus debilidades. También que no aborde los juegos como no te gustarían, o que lo haga con fallos. Del mismo modo, creo que podría abordar el aporte de las mujeres en la industria (como Jade Raymond o Kiki Wolfkill, citando ejemplos que me vienen a la mente). Al final, los fallos son parte de una controversia y, así como el sortearlos.
Al final, el cine y la música han pasado por las mismas críticas durante años y la polémica está lejos de terminar en ambos medios. Podemos elegir entre echar los puntos de vista contrarios bajo la alfombra o asumir el diálogo que nos corresponde. Por supuesto, con la contraparte obligada también a dialogar y no a tachar a toda una comunidad como enemigos irreconciliables.
Para esto está la prensa, para tender un puente.
La prensa
Deja la prensa de videojuegos. El periodismo en general está en un muy mal momento. Los medios de información aún no se acostumbran del todo a la nueva dinámica generada en línea, toda vez que venían arrastrando vicios adquiridos durante siglos. Por ello, no extraña que el público pida a quienes dan las noticias una mejor labor y que nosotros (sea que nos consideres periodistas o no) estamos obligados a darla.
Hoy la prensa no sólo está en la mira por muy diversas prácticas profesionales, sino por la postura de diversos de sus miembros alrededor de la polémica actual (llamada Gamergate como si de un fraude estatal se tratase, caray). Esto no se reduce a la supuesta (no me consta) relación entre la relación de una desarrolladora con miembros de la prensa y críticas positivas hacia su juego (aunque, en serio, ventilar la vida privada de alguien como ha ocurrido hasta ahora me parece bajísimo).
La prensa ha (hemos) fallado en tender puentes entre el público y el entorno. Cuando todo se trata de empresas, consolas y desarrolladores, hay un choque cuando se abordan otros temas. De la misma forma, es un error echar a todos los jugadores en una misma bolsa y reclamarles a todos, sin mucha distinción, la conducta cuestionable de un colectivo. Justo como ocurre en Estados Unidos y nos ha pasado a nosotros.
Sin embargo, esto no justifica una campaña de odio existente contra diversos autores en la prensa. Mucho menos bajo la premisa de acosarles debido a sus posturas a favor de las discusiones sociales ya mencionadas. Cierto, se puede criticar su parcialidad, pero nunca comprometer su seguridad como ha ocurrido.
Debo admitir que me he identificado con ellos. No sólo por los temas que tocan, sino que vivo en una país donde a la prensa se le acosa constantemente por diversos motivos. De cualquier forma, considero justas las exigencias de una mejor prensa y medios más profesionales. Igualmente creo que este medio es en el que existe más contacto (y por ello, más fricción) entre el público y los periodistas. En el fondo todos somos jugadores y todos amamos los contenidos que la industria genera. Pero esto no quiere decir que se pasen por alto las expresiones violentas y la falta de respeto directo, por cualquiera de las dos partes.
Por justo lo anterior, considero que los mismos jugadores debemos (sí, en primera persona del plural) reflexionar acerca de lo que se ha hecho en nuestro nombre.
Los gamers
Seamos francos, las acciones de diversos grupos de jugadores recientemente son cuestionables. Y lo digo como jugador. El comprometer la seguridad personal o financiera de alguien sólo porque no se está de acuerdo con lo que opina es, cuando menos, miserable. Lo es también el asegurar que esa misma persona merece pasar por ello sólo por las opiniones que tiene.
¿En qué momento nos volvimos locos? ¿En qué momento perdimos la perspectiva de la realidad?
Luego de años peleando porque dejara de considerarse a los videojuegos como un medio que fomenta la violencia, existen jugadores que amenazan desarrolladores por las decisiones profesionales que toman. No sólo se trata de que Phil Fish cancele Fez 2 por un descontrol emocional.
Me ha tocado leer que a la gente de Treyarch le llegaron amenazas personales por reducir el daño en un arma de Call of Duty: Black Ops 2. O Stephen Toulouse,  responsable de las políticas de Xbox Live, quien ha declarado que la mitad de los mensajes que llegan a él son amenazas de que lo matarán o buscarán en su casa para dañarlo.
Ni qué decir que la propia Sarkeesian haya tenido que dejar su casa y pedir ayuda a las autoridades por este mismo tipo de mensajes. No deja de rondar en mi cabeza cómo pueden considerarse las amenazas y el acoso a una mujer como argumento contra la idea de que los videojuegos promueven el sexismo. Q que existen quienes insisten en que está equivocada, pero no consideran a las chicas que juegan “verdaderas gamers” sin antes cuestionarlas, bajo el mero argumento de que las mujeres no juegan. Además de ser contrario a la lógica, son cosas que no están bien.
¿En qué cabeza es gracioso que alguien deba tener a un grupo de asalto de la policía sólo porque con quien jugaba en línea se le pegó la gana? Lo peor de todo es que pasó de ser un caso aislado a un fenómeno con cierta frecuencia. Con toda la mala publicidad que esto implica.
Me queda claro que no somos todos. Yo juego, mis amigos y familia juegan. He compartido momentos y palabras con muchos de ustedes. Sin embargo, vale la pena preguntarnos si este tipo de actos nos representan realmente. Si es correcto que ante la sociedad, ante los medios y ante la misma industria el jugador se reduzca a un sujeto incapaz de expresar su opinión de manera adecuada.
Nos hemos tragado tantas etiquetas y estereotipos como jugadores que ya hemos caído en conductas nada sanas. Pero ésta es la peor, a mi parecer. No sólo daña a quienes participan del medio, sino que dan la razón a años y años de mala leche contra nosotros. Porque para que los responsables de crear nuestro entretenimiento lleguen a mandar una carta diciendo Ya Basta acerca de este acoso es un síntoma de que hemos llegado lejos. Y creo, como jugador, que no es necesario pensar mucho de qué lado del espectro deberíamos posicionarnos. Creo.
Evolución
Me gusta pensar que no sólo somos una industria. Que como jugadores no somos meros consumidores, que no somos una hoja con la cantidad de copias vendidas y los millones de dólares en ganancias a la que, a veces, los publishers, estudios y otros involucrados una industria.
Me gusta pensar que somos un componente cultural. Y, como tal, que no estamos ajenos al mundo en que vivimos. Mucho menos a las necesidades que el medio al que decimos pertenecer tiene para mejorar.
TODOS. Todos tenemos un rol aquí. Todos estamos obligados a hacer algo para mejorar. Desde un cambio de conducta hasta una mejor postura profesional. Con esta mentalidad la industria pasó de un juego de bar creado en un garaje a crear contenidos que generan millones de dólares. No creo que esto deba terminar ahora.
Estamos en el momento justo en que debemos definir a qué nos referimos al hablar del videojuego maduro. El cómo actuemos ante la crítica decidirá si se trata de un medio con pensamiento adulto, o si sólo se reduce a mostrar sangre y sexo en una pantalla. Definimos hoy si asumimos una actitud crítica, una apertura al diálogo como los adultos a quienes se supone van dirigidos los juegos, o si nos vamos a quedar en el “no oigo, soy de palo” cuales niños de preescolar.
Quizá soy un idealista más, pero estoy convencido de que si no reflexionamos una actualidad durísima la realidad nos terminará aplastando. 

Tuesday, May 13, 2014

Apuntes tácticos de lo absurdo

-Debería dormir. Pero no puedo. No ante las pesadillas que, estoy seguro, vendrán para cobrar el precio que tiene mi cabeza.
No he matado a nadie. Pero he dejado más lágrimas y sangre en el piso de lo que me gustaría admitir. Entonces viene mi pasado a ajustar cuentas cuando sólo pretendo descansar.
Tengo miedo.
No tengo idea por qué. De qué.
Podría preguntar, pero sé que sólo entraré en un vórtice sin un camino de retorno.
Nunca terminan las preguntas. Y el día en que la última cuestión quede resuelta, no habrá motivo para vivir.
Quizá el problema es que sé las respuestas, pero temo sentir satisfecha mi curiosidad.
A lo mejor un día que no pierda nada al descifrar lo que me queda de esta maraña sin ningún razonamiento, ese día tampoco me restará algún pretexto para recordar cada duda y fingir que me desvelo por algo que realmente valga la pena.

-Una mirada que jamás ha sido, pero que se queda en mi memoria para perseguir cada decisión. Cada palabra que sale de mi boca es en su nombre. Me han ofrecido parar la barbarie, pero sé que jamás se quedará quieta. Hasta que brote de las cenizas de cualquiera, fingiendo ser terreno de cultivo. Vacío, pero fértil.
Sin duda, pequeña, eres atroz. Resultas terrible y espantosamente cercana, aunque dolorosa.
Me sigo preguntando por qué no te maté en cuanto tuve la oportunidad.
Por qué resucitaste en la mirada ajena.
Por qué respiras con el aliento de alguien más.
Debí asesinarte y prenderle fuego a tus restos, en vez de sepultarlos en mi memoria.
Pero no até los cabos sueltos y a través de ellos te mantuviste con vida.
Eres mi mayor anhelo, pero nada en ti será.
Ni siquiera tu nombre. Ella a él a renunciado.

-Orgullo.
Codicia.
La lejanía del honor y la prohibición de toda gloria.
Eres parte de una máquina que no se detendrá. Hasta que termine contigo y exprima tus huesos.
Lo mereces.
Lo añoras.
Lo requieres.
Te das sentido a través del silencio.
Nunca escucharán los muros la voz de tu nombre.

-Pido perdón por haberte asesinado.
Y pido que me perdones también por haber profanado tu tumba para encontrar consuelo en tu sepulcro.
Aunque, pensándolo bien, me lamento más por encontrar ahí mis propias mentiras y mi propia podredumbre.

Sunday, June 2, 2013

Insomnio y letras

Mis hábitos de sueño están hechos pedazos. Estaba por dormir, pero escribir me da un high.
Escribir me provoca adrenalina. Y no lo hacía desde hace mucho por acá.
La última vez me dieron vergüenza mis letras. Más bien, cómo y para qué las utilicé. A veces sigo sintiendo algo de pena, pero la última vez fue porque olvidé para quién escribo: gente muy sensible. "Chiqueada", diría un colega.
Lo que sí me da vergüenza es apenarme de lo que me ha dado de comer durante todos estos años. Por más que me caigan palos, que me lleve unas chingas o que me parta el alma, fui criado para hacer magia por las palabras.
Es justo ese instinto de creación lo que me saca adelante. Disculpen si no soy un redactor metódico. Tengo la adictiva tendencia a romper el método en cuanto me siento encorsetado. Necesito respirar, y si el método me asfixia, se puede ir a la chingada. Lo que importa es el efecto en el lector, en el descubrimiento de algo nuevo para él, para mí o, en un caso ideal, para ambos.
No sé por qué dejé la sana costumbre de practicar mis puntos y comas tirando sílabas al azar, como ocurre en este momento y suele suceder en este diario en línea. Más bien, sí tengo idea, pero no entiendo cómo llegó a devorarme hasta el grado de perder interés por la prosa en su estado creativo. Chequen las fechas: un año casi.
Vergüenza, les decía. Como les dije hace un momento, suelo romper con todo. Empezando, por qué no, con la coherencia. Básicamente me encuentro deprimido y no entiendo por qué, pero tengo pistas. Como en los viejos tiempos, dejo que mis palabras al público se traduzcan en algún momento en respuestas.
¿Y si no necesitas una respuesta?
La vida me ha enseñado a que debes cuestionar toda palabra. TODA. Las palabras valen de acuerdo a cuan puedan resistir dichos desafíos. Una palabra sin cuestionar es palabra que no sirve. Palabra que no sirve es letra muerta. Y a las letras muertas se les convierte en ley.
Es por eso que el lector de hoy está tan casado con aquellos quienes le dicen lo que desea escuchar, porque convierte en ley la letra muerta que se niega a cuestionar. Entonces, en el imaginario colectivo, están presentes ilusiones cuya existencia se basa en el miedo de las masas a abandonar esa seguridad de que aquello en lo que creen es lo que existe.
Es divertido siempre desafiar el imaginario colectivo a través de las letras, pero es triste darse cuenta de que el colectivo no sabe leer. Tan acostumbrado está a sus propias palabras que ya no hace el esfuerzo de distinguir entre unas y otras. Durante años todo ha sido lo mismo y, por ende, lo mismo les da.
Entonces te das cuenta de que el lector no es la causa que te deprime, sino el hecho de preguntarte razones de por qué te encuentras aquí y ahora. Eres tú ahora quien desafía su imaginario pero tus respuestas no bastan. Necesitas cuestionar hacia afuera para resolver los acertijos que tienes clavados dentro y, por tanto, toda tu conjetura es inútil.
A veces siento un extraño placer por terminar invalidando mis argumentos en mis propios trabajos. Lo siento, me forjé ese vicio leyendo a Bataille y, de hecho, con él aprendí a tomarle cierto sabor a mi propia decadencia. Incluso aquella en la que tuve la vida soñada, pero que al despertar un día alguien más decidió que era el momento justo para que se me fuera de las manos.
¿Por qué? Por respuestas ajenas. Por conjeturas que no vas a terminar nunca y que, posiblemente, te mantengan con los ojos abiertos un rato más.
No sé, quizá la respuesta esté en que, simple y llanamente, necesito tomar un avión. Y perderme, lejos. Pero esta vez sin pretender ser el héroe de alguien.
Quizá encuentre un lugar mejor para pasar mi decadencia lejos de Braga.
Espero no tener que recordarte que cada palabra aquí es producto del azar. Y que nada tiene que ver contigo.

Monday, July 23, 2012

Apuntes vagos sobre el heroísmo y la santidad súbitos

Este texto es una prueba para sacar una anotaciones que tengo en la cabeza sobre los sucesos del viernes pasado en Aurora, Colorado. Parte del mismo es resultado de 6 años de investigaciones sobre la masacre de la Preparatoria Columbine, en Littleton. Falta pensar más conexiones y repasar datos, pero, por ahora, les dejo este desahogo.
¿Por dónde empezar? Donde yo empecé hace tiempo. Hitmen for hire.


Un sueño, pensé, cuando justo antes de quedarme dormido me enteré en Twitter de que un hombre, disfrazado de Bane, había decidido entrar a media función de Batman y volar el lugar,
Tan sólo al despertar, el patrón común. Un hombre joven, estudiante, con alto coeficiente intelectual. Retraído, aislado. Caído en desgracia. La sociedad estaba en deuda con él y se hizo a un lado a toda costa. Después de la negación, viene la ira.
¿Qué otro lugar para cobrar venganza que el centro del mundo caído en tu ciudad, la función de cine que el poblado esperó por meses?
Las víctimas, como era de esperarse, igual de jóvenes que él, con futuros prometedores. Recién casados, graduados del ejército, talentos universitarios. Niños.
Le arrancas a la sociedad el futuro. Qué más castigo puede haber. Con ellos se van sus esperanzas.
Después, los vecinos, esa gente odiosa que sólo te mira cada día, que se pregunta en qué diablos estás pensando. Como si debiera importarles. Entonces, construyes una ratonera parra que, cuando tú caigas, ellos vuelen. Junto con la Policía. Desafiarás su inteligencia, esperando que el mínimo error lo paguen caro y, de nuevo, tu rías al último.
Por eso no terminaste contigo mismo como Reb y VoDKa. Para ellos el mero pánico era la culminación de su obra. Tú preferiste entregarte y esperar a que el juego terminara. Querías verlos hechos pedazos.No pudiste lograrlo, por eso te dolió tanto. Se notaba en tu mirada, mientras enfrentabas a la ley.

Sabes que aún puedes jugar con sus mentes. Pelearles con tu talento mental en su propio terreno de cortes y juzgados. Estás consciente de que quieren tu cabeza. Lucharás para salvarte, para humillarlos con una condena rebajada o, simplemente, una cadena perpetua. Deseas superar a otros que casi lo logran, como Ted Bundy. Hay tantos ejemplos en tu cabeza.
¿Qué música escuchabas, Jimbo? Para crucificar al trovador y culparlo de tus pecados. Es más, no necesita gustarte nadie, sólo dime un nombre. A ellos ni si quiera les gustaba Marylin Manson y mira, él cargo con la responsabilidad. Él y no Till Linderman, su verdadero héroe.

Culpemos una guitarra de plástico como con la que jugabas por horas a ser un héroe de la guitarra. Culpemos a las neurociencias. Culpemos a la universidad. Culpemos a las historietas. Culpemos a las películas.
Culpemos al sexo en línea de paga.
Uno como tú volverá a matar. No han aprendido la lección de Reb y VoDKa. Gente como tú les facilita el trabajo de matarse unos a otros, como tanto desean. La cultura urbana de su país, la cual concentra el poder en las armas. El heroísmo es una cuestión de fuerza, no de coraje. ¿Qué más demostración de fuerza que jugar a ser el ángel de la muerte y decidir la fatalidad?
Para gente como ustedes, ¿cuándo tendrán otra oportunidad de ser héroes?


Bonus track:


Thursday, July 12, 2012

Mis dos centavos sobre ACTA


No recuerdo en qué año fue, pero sí recuerdo cómo conocí ACTA: por accidente.
Eran, creo que inicios de 2009. Me habían pedido acudir al aeropuerto por una tarea de universidad: cubrir alguna nota de interés en el aeropuerto.
Resulta que en la aduana, agentes estaban revisando USB's, celulares, laptops y todo dispositivo informático, para constatar que no tuvieran "piratería".
Por supuesto, dicha revisión no tenía ningún sustento legal, violaba la privacidad y provocó la molestia de unos diez pasajeros. Uno de ellos mencionó que, probablemente, los agentes se habrían enterado de los planes para la integración de México al ACTA, plan que, en ese entonces, estaba por ser firmado por Brasil y media Europa.
Dudo, por cierto, que dicha revisión haya tenido que ver con el tratado, pero me hizo investigar, desde entonces, ACTA y sus consecuencias.
¿Qué me dijeron entonces, al presentar un trabajo al respecto? Que mi paranoia era tanta y que, además, un tratado así no podría ser firmado por México.
Hoy, a las 11 de la mañana en Tokio, el embajador de México en Japón firmó el tratado a nombre del país.
 La base legal de tratado, en español, está acá. O en este video. 

El texto a continuación hace referencia las cuestiones que a su servilleta le parecen más preocupantes pero, por supuesto, no son todas.
-Anulación de la cultura libre: Todo trabajo registrado con derechos de autor está protegido. Su descarga, por tanto, estará penada a rajatabla. Es justamente la primera línea de crítica que hay sobre el Anti Counterfeit Trade Agreement.
Olvídate de bajar canciones. Eso es lo de menos. En 2006, ayudé a instalar un ciber-centro comunitario en Valle de Guadalupe, Jalisco, un pueblo a dos horas de Guadalajara.
La biblioteca pública está desactualizada, y los estudiantes, sobre todo de preparatoria, deben conseguir libros. Libros de 200 pesos, a los cuales hay sumarles el costo de 100-150 pesos en el traslado a la capital del estado.
¿Deben los estudiantes de bajos recursos perder una oportunidad de superación por no poder pagar un libro? Para el ACTA y el pensamiento neoconservador detrás de ella, para el cual la educación y la cultura son bienes de consumo, por supuesto que sí. Y es ahí justo donde va a ocasionar mayores daños en los países donde se apruebe.
Entiendo que el autor y el distribuidor merecen ganar dinero por su obra. Pero una propuesta de precios justos y desarrollo de la innovación no va a llegar si se bloquean las propuestas libres con censura judicial. 
-Censura web: Se tiene que crear, por fuerza, un mecanismo de vigilancia para que ACTA pueda entrar en funcionamiento. De otro modo, serían inútiles sus clausulas con efecto en la web.
El temor a que por investigar delitos de propiedad intelectual, censuren a los disidentes políticos, no es nuevo. Tampoco. Rusia pasó hace unas horas una ley mediante la cual se pueden retirar contenidos en la web si se considera que estos pueden atentar contra el desarrollo de los menores.
Vacíos legales. Bajo las argucias legales correctas, un panfleto anti sistema, como éste, puede ser considerado ilegal. ACTA carece de instrumentos para determinar qué viola la propiedad intelectual y cede el criterio a los estados signatarios.
Y entonces recordamos que, en un país como el nuestro, un policía encontró tirada una credencial de elector y relacionó a su propietaria con un caso de homicidio. Las autoridades compraron a los asesinos para vender testimonios. Todo sin castigo por, ejem, vacíos legales. Por eso tememos censura, porque conocemos las capacidades del Sistema Penal Mexicano de crear culpables.
-Violación de la presunción de inocencia: Toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Lamento no dominar los términos del derecho penal en concreto. Pero, hasta donde sé, es una máxima indiscutible y universal.
Aquí, sin embargo, ocurren dos cosas. Primero, el descargar/almacenar material con derechos de autor te hace culpable sin una averiguación previa, a menos, claro, que el estado signatario decida instruir un juicio. El cual puede ocasionar, incluso ganando, un daño considerable a la economía y buen nombre de un acusado.
En segunda, tenemos una paradoja que afecta a todas las leyes de propiedad intelectual en el mundo: UN IP NO REPRESENTA A UN CIUDADANO.
A menos que se implementen operativos multitudinarios para detectar la identidad de un internauta, como los que se ocupan para identificar a los miembros de Anonymous, el propietario de la IP (normalmente quien firmó el contrato del servicio de internet) es el responsable de las violaciones al derecho de autor y contra quien van dirigidas las demandas.
Todos sabemos, sin embargo, que muchas veces quien paga las cuentas no es quien baja la música, o rompe la ley. Puede ser su hijo de 10 años o, incluso peor, el vecino que se roba el Wi-Fi. No está estipulado en mingún marco legal que, por poner los recursos, una persona pueda ser acusada de un delito que no realizó y del cual, además, no tenía conocimiento. Gracias a esto, señoras de 80 años deben enfrentar cargos por varios milloens de dólares por daños a las disqueras porque sus nietos, en su casa, estaban bajando música. Así de ridículo.
Este es uno de los otros problemas a los cuales nos enfrentaremos si se aprueba ACTA, a menos de que nuestros legisladores, raudos y ocupados de sus deberes, propongan un marco legal que lo evite.
Esto es a lo que nos enfrentamos con ACTA. No es el fin del mundo, pero sí una dada en la madre fortísima a más de un garantía individual constitucional.
¿Qué hacer? Lo de siempre, pero que nunca, nunca, se suele hacer cuando una autoridad nos toma el pelo.
Informarse.
Organizarse.
Debatir.
Cuestionar.
Confrontar.
Todo en las instancias marcadas por la ley: Audiencias, tribunales, la Suprema Corte, organismos internacionales.
Ya, una vez, el Senado acusó al tratado de inconstitucional. La Unión Europea lo rechazó bajo el argumento de que viola derechos humanos. Ambos hechos son enormes precedentes para defendernos. Sin embargo, es momento de participar todos. De otra manera, sin respaldo popular, la defensa de ACTA no parecerá un asunto de interés público para los encargados de decidir.
Recordemos que las redes sociales, aunque parecen un mundo, sus usuarios son un pequeño porcentaje de la población.
Si esto no sale a la calle, si esto no va a la gente, nos la volverán a ganar.


Thursday, July 5, 2012

Paraísos

Voy a contarles una historia de Lisboa. Pero, como no soy o senhor Frederico Monroe, Lisboa no está en el relato. Por el contrario, me he vuelto tan loco como Philip Monroe, aquel director que se embriagó en la pureza de la imagen y se olvidó por completo de sí mismo, por lo que les voy a narrar sobre Lisboa como la relatan sus manuales para turistas, escritos por ayudantes de tenedores de libros, quienes a la mitad de un vino de cereza se ponen a explicar el porqué este pueblo está sumergido en la melancolía.
No me hago responsable, entonces, de lo que aparece a continuación... culpen al Aínda.
Tuve un sueño. Un sueño que había tenido en el pasado, que se había vuelto recurrente, pero que se volvió incendiario.
Era de nuevo ella. Era la misma niña que había visto en el pasado. Los mismo cabellos castaños, la misma piel blanca. Petiza, tierna, dulce. El mismo brillo en la mirada que... un momento. Su mirada ha cambiado. Es más brillante que en el pasado. A diferencia de su última visita, sus ojos ahora sí destilaban esperanza.
Cabe aclarar algo: su nombre es Cristina. Lo eligió su madre, antes de que yo la matara, un día que soñamos con ella precisamente. A ambas las enterré en mis recuerdos. Ahora, al parecer, ha venido a tomar su venganza.
Cabe aclarar que cristina, al parecer, no existe. O no debería existir. La desterré al abstracto hace tanto tiempo. ¿Por qué hoy, por qué así?
Se acercó a mi rostro. Lo acarició. Me dio un beso en la frente. No debería parecerme raro.
Al fin y al cabo, se supone, es mi hija.
Pero me estremecí, bastante. En todo caso, ella no existe. No debe existir. No debe estar aquí.
Pero su mirada es diferente.
Nos miramos fijamente durante un largo rato.
Han cambiado tantas cosas en su rostro. Pero su mirada es más penetrante que en el pasado. Uno no puede escapar de esa luz que irradia. Es imposible. Un caso perdido.
"Vine, precisamente, por estos ojos. Vine a pedírtelos".
¿Lo ojos de quién?
De ella.
¿Para qué los quieres?
Para existir.
La posición en la que me encuentro no es favorable para ella. Había renunciado incluso a la idea de procrear, pero... ¡carajo! de dónde ha salido  todo esto.
Ella ni siquiera se molesta en mirar mi desesperación. Aunque he de aceptar algo: esto es un sueño y terminará pronto.

"No te dejaré escapar de aquí hasta que hayas traído esos ojos ante mi presencia y pueda largarme de este infierno al que me condenaste".
Ella sabe que es imposible. Ella sabe que tan sólo intentar dar un paso para lograrlo sería hacer estallar una bomba.
Está completamente consciente, al punto de que sabe que el hecho de pensarlo es una tortura.
Perdimos la partida antes de colocar las fichas. Un último enroque es un suicidio.
¿Vas a jugar ese movimiento final como apertura cuando, además, ni siquiera te lo permiten las reglas del juego?
"Tú me condenaste a esto. Es mi última salida. Nuestra última salida. A mi muerte eterna y a tu cobardía disfrazada de prudencia. Si ambos salimos y lo intentamos, podremos morir. Si te quedas inmóvil, el ansia te matará y yo no habré existido nunca".
Una frase así, con una mirada mediterránea, en el cuerpo de una niña pequeña.
Una agonía particular. Compartida.
El silencio se hizo de un caudal entre nosotros.
 ¿Por qué esa mirada y no la de alguien más?
"No lo sé".
¡Cómo diablos no lo sabes! ¿No te das cuenta que tan sólo acercarnos nos puede despedazar? ¿No te das cuenta todo lo que debemos dejar atrás para intentarlo? ¿Acaso vale tanto para tí?
Esto no es un ajedrez. Esto es ya una ruleta rusa.
"Quizá porque sus ojos son los mismos que los que tú tenías antes de que la realidad te devorara despacio".
¿Qué diablos estás diciendo? A mí jamás...
No me quedó más remedio que arrodillarme ante ella. No pude contener las lágrimas. Me despedacé despacio y terminé con el rostro mirando al piso. No pude más.
¿Qué es lo que quieres que yo haga?
"Quiero que vayas y luches contra ti mismo. Nadie mejor que tú sabe como derrotarte".
¿Y si sólo estoy proyectando lo que yo soy y no somos lo mismo?
"Será tu tarea descubrir qué los hace diferentes y reconocer el terreno".
Una vez más, ¿por qué lo haces?
"Para que yo pueda existir y te deshagas de esa cobardía disfrazada de prudencia".

Al día siguiente perdimos todos en la ruleta. El sueño nunca pudo terminar.